Así que (vos te fuiste dejándonos a todos sin la satisfacción egoísta de tu abrazo, nos regalaste mientras cerrabas la puerta con una sonrisa de cabeza gacha - y tal vez sin saberlo - el último empujón hacia esa soledad exacerbada que todos sabemos que existe después de tu huída y que también todos intentamos ignorar hasta que se hace tarde y ya casi amanece sin vos. En este momento es mucho más difícil negar y aceptar, así que todos nos arrastramos en los brazos tibios y mecánicos de la inercia. De algún modo termino indefectiblemente en casa, y de algún modo, mientras abro la puerta cansada - la puerta y yo - siento en mis manos que ya no te necesito, pero es el juego del sol del amanecer, con su velo pintoresco. Más tarde fingiré tomar las riendas del día, como cada mañana, y tal vez hoy el azar me sonría compasivo, un poco como anoche sonreías vos, y no me ponga más trabas que el ocasional tropiezo en la vereda destrozada que viste insolente la calle de mi casa) la "causa es posterior al efecto, el motivo del viaje es una" (Ahora que lo pienso, quizás haya sido así, o a este recuerdo me lo regale el abismo de tiempo y veredas entre hoy y el día que nos conocimos. Pero, como decía, vos siempre fuiste posterior al efecto. En esa habitación había algo de asfixiante, algo de asesino, pero de esos asesinatos a medias que hacen toser por un rato hasta que uno se acostumbra a ese aire pesado como navaja. Sonrío ante la idea de que toda esa asfixia prologaba la entrada de tu presencia en mi vida - damas y caballeros esta es la historia de dos... como en una comedia shakespeariana - y nada de repente, porque pasamos por tres introducciones para empezar a recordarnos. Así que además de la tos, que vos eras la única que no sufría, no había nada de especial en vos. Excepto lo fatal de esa sonrisa a medias de cabeza gacha que en algún momento se diluyó en tequila y naufragamos las dos. Hubo tal vez amistades más fieles y dignas de relato, pero no hubo efectos solemnes antes de las causas, aquellas amistades fueron cronológicamente correctas. Qué injusticia, pues, que sea de la tuya de la que hablo. Dicto sentencia y callo) acusación de lejanías, entre el reproche y la sonrisa.
6 jun 2010
2 jun 2010
Causas
Ya lo afirmaba Wittgenstein en su cuaderno azul, las causas solo pueden conjeturarse. Y que razón tenía, pero no la suficiente: las causas son posteriores a los efectos.
Vivimos en un mundo cuántico, donde espontáneamente aparecen y desaparecen electrones. Las cosas, como vibraciones espaciotemporales, ocurren en un presente infinitesimal, aisladas de todo pasado y futuro. El efecto es lo que se muestra. La causa, sólo una sombra, que se deja entrever al enfocar con la linterna de la razón. Una sombra indistinguible de las otras, que danzan alegóricamente en la caverna. Tal vez, si prestáramos mucha atención, veríamos que la sombra que creemos haber encontrado, es nuestra propia sombra, o la de la linterna.
Tampoco hay causas de causas como no hay sombras de sombras, ni podemos trocar causa por efecto, por que la causa pertenece al pasado y el efecto al presente. Ambos, en planos paralelos, irreconciliables.
Somos los hombres, esos monos contadores de historias, los que tejemos, a nuestro gusto, una discreta sabana con la realidad, para cubrirnos los ojos, por el horror que nos provoca esta entropía.
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