25 abr 2010
El esclavo español
Ukju Pacha

Llueve con sol. Cocha pronto aparecerá en los cielos. Quizás sea la última vez. Los Dioses extraños han apresado a Atahualpa, han sometido varias provincias. Su armamento mágico es invencible, escupe fuego sobre nosotros. Sus pieles impenetrables y sus bestias bufantes, descargan sobre el Inca su ira divina. No he comido en días. Mi mazo, que en otros tiempos hizo de mí un guerrero invencible, parece un trozo de madera inútil. ¿Por qué no podemos siquiera defendernos? ¿Por qué nuestros dioses no nos defienden? ¿Por qué no se defienden? Parece que la única perfección de nuestros dioses es su ausencia. La indiferencia, su única altura. Es el coraje la única libertad que nos queda a los hombres. Hoy Moriré como un Inca.
Primera luna, Día 25.
Me he salvado. Los dioses, a los que reprochaba, me salvaron, ¿Cómo pude haber dudado de ellos? Han asesinado a Atahualpa, pero yo estoy vivo. Las provincias que estaban bajo el dominio del Inca se están rebelando. Ya no soy un Apunchic, camino en busca de comida, temo morir de hambre.
Segunda Luna, Día 17.
He caído preso de los dioses extraños. No son dioses, son hombres. No me han matado por mi vestimenta de Apunchic. Creen que todavía tengo poder. Me piden metales preciosos y yo los llevo por caminos estrechos y laderas empinadas. Se que no encontraré nada, sólo los retengo un poco, me retengo un poco.
Tercera Luna, Día 26
Me exigen que bese un símbolo, una cruz, que abandone a mis dioses y acepte al suyo. Si no hago esto van a quemarme. Puedo hacerlo, nada significa. No pueden ver dentro de mí, no pueden saber lo que siento.
Cuarta Luna, Día 12
Yahuar está preso conmigo. Yahuar escribe como los extraños. Yo le cuento lo que siento y el escribe. Los dos estamos muy tristes, tristes por el Inca. A los dos nos piden que traigamos brillantes y doradas lágrimas de Inti. No podemos traerlas, no las tenemos.
Cuarta Luna, Día 30
He comprendido por que los extraños juntan las lágrimas de Inti, son las pruebas de que su Dios hace llorar al nuestro, que puede vencerlo y someterlo. Pero hace tiempo que Inti no llora. Inti no se rinde.
Quinta Luna, Día 18
Yahuar me enseñó a escribir antes de que lo quemaran. Estas serán mis primeras y últimas líneas. Mañana van a ahorcarme, mañana descenderé a Ukju Pacha. Allí podré llorar al Inca.
16 abr 2010
Topico 2: Apunchic
Apunchic: También conocido como troticut, este era el jefe de una provincia. Su función era la de mantener el orden y tenía atribuciones políticas además de militares. Dependía del líder incaico.
14 abr 2010
Mesas y Sillas
El primer frío del otoño lo agarra a uno siempre desprevenido. Éste año no fue la excepción. Con los dedos ateridos, super ateridos, spinettianamente ateridos, caminé algunas cuadras por el centro de la ciudad. La lluvia, que había estado indecisa toda la tarde, finalmente resbaló del cielo y tuve que cobijarme. Terminé dentro de una de esas cavernas luminosas que tienen escaleras mecánicas. Entre ruidos y coloridas publicidades, di tres, seis, nueve vueltas al segundo piso. Ahí lo vi.
Las mesas y sillas son para uso exclusivo
de quienes consumen en nuestros locales
de gastronomía
Todo éste asunto me llevó a reflexionar. ¿No es a caso el capitalismo como éste patio de comidas? ¿No es la propiedad privada un cartel que no nos permite sentarnos, mientras miles de sillas permanecen vacías?
Bajé por las escaleras, las normales, esas para humanos y tomé el primer colectivo a casa. Otro día más en ciudad Gótica.
En respuesta al tópico 1
Debería decirle que no vuelvo. Ponerme de pie en el medio de cualquier multitud que nos reúna, darle un beso suave y decirle que no vuelvo, así, sin otorgarle un titubeo (donde de costumbre se cuelan los derechos a réplica) y no volver. Restar uno a uno los rastros de mis labios en su cara serena, desdibujar de sus brazos mi contorno y no volver, destrozándole de golpe la rutina de mi presencia. Debería. Pero ahora camino y me obligo a olvidarme de ella, nada de esa vida va conmigo. Hay grises por todos lados: trajes, zapatos, mosquitos, medias finas, la sombra de mi mano apretujada contra una pared de granito, mientras busco minuciosamente un frío que hable de existencias (léase, la de mi mano en la pared de discurso solemne). Héme aquí existiendo, caminando. El día que ya no me pertenece, por transcurrir minutos antes de la huida, dejó en pies un alegato final del consorcio de los cansancios (este nuevo personaje, que no conozco aún del todo, parece encontrar un placer insensato en las metáforas y en las luces cálidas de la peatonal). El caso es que se me ha salido un zapato (y allá ella, la que se me borra sin pausa, diciéndome que me atara...), me detengo en la vereda sólo por algún afán de corroboración siniestro, y noto de repente que se me cayeron por fin todos los recuerdos. Qué liviano ahora el centro, casi diría hueco, sin la memoria inoportuna de algún sábado, sólo viene a mi memoria ese día, sin los recelos socialmente aprendidos (ni pizca de ese credo malparido), sólo hay el centro y de a ratos mi boina. Pero sigue estando ese sábado que no recuerdo, qué cansancio. Si pudiera saber, sólo por un momento, a qué viene tanta insistencia, lograría con el dibujo de ese día ante mis ojos hacerlo a un lado con todas mis fuerzas. Pero no funciona. Algo que se mece entre los autos, una sombra vaporosa y maloliente, se me pega en las manos. Si sólo pudiera sentarme un instante, me ataría los cordones y me limpiaría las manos. Pero en una ciudad llena de ramas y cemento, no hay ni un solo rastro de asiento. Sólo queda caminar. No vuelvo, eso sí. Toso un sábado y me queda la lengua empapada de una despedida que no entiendo. Al otro lado de la calle hay un edificio viejo, seguro que la gente de antes usaba el ocasional asiento. Ahora todo parece detenerse (menos, claro, las bocinas y el semáforo), me encuentro una lapicera verde justo al medio de la calle y la levanto, no vaya a ser que recuerde algo de aquel día y no pueda anotarlo, un papel de caramelo se mete inesperadamente en el zapato suelto (quien ha hablado de una piedra de seguro nunca fue acompañado a lo largo de la calle por un papel de caramelo), y la personita que camina empieza a pestañear en el semáforo, así que corro el último tramo. Recomienzo del tiempo. Si tan sólo pudiera sentarme, quizás los recuerdos de los que me desarmé podrían alcanzarme, y entonces al fin sabría qué pasó aquel sábado, cosa que ya empieza a molestarme, sin mencionar siquiera el zapato suelto con su papel viajero y el cansancio loco que llevo. Apuro el paso hasta el interior del edificio viejo, que luce más hospitalario ahora, en vista de las consecuencias prácticas del encuentro con una silla. No vuelvo. Me dispongo al reencuentro como quien se acerca a un nirvana sin mayores pretensiones, empuño la lapicera verde y se acerca entonces sin ningún disimulo, ni una sombra de respeto por mi empresa (es aquí hasta donde el sindicato de Musas autoconvocadas de impacienta) el riguroso guarda y eleva decidido la mirada. Yo, por concluir el trámite, la sigo:
Estimado Visitante
Las mesas y sillas son para uso exclusivo
de quienes consumen en nuestros locales
de gastronomía
13 abr 2010
Tópico 1
Estimado Visitante
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