6 jun 2010

Historia entre paréntesis

Así que (vos te fuiste dejándonos a todos sin la satisfacción egoísta de tu abrazo, nos regalaste mientras cerrabas la puerta con una sonrisa de cabeza gacha - y tal vez sin saberlo - el último empujón hacia esa soledad exacerbada que todos sabemos que existe después de tu huída y que también todos intentamos ignorar hasta que se hace tarde y ya casi amanece sin vos. En este momento es mucho más difícil negar y aceptar, así que todos nos arrastramos en los brazos tibios y mecánicos de la inercia. De algún modo termino indefectiblemente en casa, y de algún modo, mientras abro la puerta cansada - la puerta y yo - siento en mis manos que ya no te necesito, pero es el juego del sol del amanecer, con su velo pintoresco. Más tarde fingiré tomar las riendas del día, como cada mañana, y tal vez hoy el azar me sonría compasivo, un poco como anoche sonreías vos, y no me ponga más trabas que el ocasional tropiezo en la vereda destrozada que viste insolente la calle de mi casa) la "causa es posterior al efecto, el motivo del viaje es una" (Ahora que lo pienso, quizás haya sido así, o a este recuerdo me lo regale el abismo de tiempo y veredas entre hoy y el día que nos conocimos. Pero, como decía, vos siempre fuiste posterior al efecto. En esa habitación había algo de asfixiante, algo de asesino, pero de esos asesinatos a medias que hacen toser por un rato hasta que uno se acostumbra a ese aire pesado como navaja. Sonrío ante la idea de que toda esa asfixia prologaba la entrada de tu presencia en mi vida - damas y caballeros esta es la historia de dos... como en una comedia shakespeariana - y nada de repente, porque pasamos por tres introducciones para empezar a recordarnos. Así que además de la tos, que vos eras la única que no sufría, no había nada de especial en vos. Excepto lo fatal de esa sonrisa a medias de cabeza gacha que en algún momento se diluyó en tequila y naufragamos las dos. Hubo tal vez amistades más fieles y dignas de relato, pero no hubo efectos solemnes antes de las causas, aquellas amistades fueron cronológicamente correctas. Qué injusticia, pues, que sea de la tuya de la que hablo. Dicto sentencia y callo) acusación de lejanías, entre el reproche y la sonrisa.

2 jun 2010

Causas


Ya lo afirmaba Wittgenstein en su cuaderno azul, las causas solo pueden conjeturarse. Y que razón tenía, pero no la suficiente: las causas son posteriores a los efectos.
Vivimos en un mundo cuántico, donde espontáneamente aparecen y desaparecen electrones. Las cosas, como vibraciones espaciotemporales, ocurren en un presente infinitesimal, aisladas de todo pasado y futuro. El efecto es lo que se muestra. La causa, sólo una sombra, que se deja entrever al enfocar con la linterna de la razón. Una sombra indistinguible de las otras, que danzan alegóricamente en la caverna. Tal vez, si prestáramos mucha atención, veríamos que la sombra que creemos haber encontrado, es nuestra propia sombra, o la de la linterna.
Tampoco hay causas de causas como no hay sombras de sombras, ni podemos trocar causa por efecto, por que la causa pertenece al pasado y el efecto al presente. Ambos, en planos paralelos, irreconciliables.
Somos los hombres, esos monos contadores de historias, los que tejemos, a nuestro gusto, una discreta sabana con la realidad, para cubrirnos los ojos, por el horror que nos provoca esta entropía.

2 may 2010

Tópico 3

El primer libro de lomo rojo de la biblioteca,
en su vigécima página,
en su sexto renglón,
profetizó:

"La causa es posterior al efecto."

25 abr 2010

El esclavo español

Una furia cuidadosamente ornamentada por las pompas serenas de la religión golpeaban por entonces las playas del continente en forma de viento. Era tal vez una advertencia, un pedido de huida o el augurio certero de lo inevitable. Sucedió por entonces que barcos, perros y armas, y de repente esclavos. Ellos, los extranjeros. Porque los de este lado sostenían una mirada dura de tierra libre. Los esclavos eran los otros, amortajados en riquezas solemnes, en culturas mecánicas de cartón, gritando palabras vacías de humanidad, rindiendo pleitesía a los bolsillos con una moneda más. Hay que imaginarse abruptamente (porque las sorpresas duran poco y luego se diluyen en el análisis riguroso) el encuentro cara a cara del Apunchic y el español insolente que disfrazaba todo el pavor que le producía la visión de un dios tras ese pedazo escupidor de metal. Nada sabía él de otros dioses (imposible es de aceptar la superioridad de un hombre que trae una cajita ordenada de verdades bajo el brazo y se dispone a predicar ante esos otros hombres que eran sus creencias, las llevaban encarnadas en los hombros, manos y ojos), nada sabía él de la madre tierra que en su Europa natal se afanaban en esconder. Claro, entonces, que no pudo entender el terror que le trepó por los brazos ante semejante visión, algo había en el Apunchic que generaba un sobrecogimiento místico, que desarmaba todo aquello que posara la mirada en su presencia. Menos el pedazo de metal escupidor en las manos del esclavo español, ése permanecía inmutable. Y en su despectivo mutismo, en esa inerte elocuencia, disparó. Eliminar al que no borrará de su cuerpo y su sombra aquello que hasta ahora creyó, que no tomará con una sonrisa hispano hablante la cajita ordenada de las manos del invasor. Eliminar a aquel que se niega a ser esclavo español.

Ukju Pacha

Inca



Primera Luna, Día 1.

Llueve con sol. Cocha pronto aparecerá en los cielos. Quizás sea la última vez. Los Dioses extraños han apresado a Atahualpa, han sometido varias provincias. Su armamento mágico es invencible, escupe fuego sobre nosotros. Sus pieles impenetrables y sus bestias bufantes, descargan sobre el Inca su ira divina. No he comido en días. Mi mazo, que en otros tiempos hizo de mí un guerrero invencible, parece un trozo de madera inútil. ¿Por qué no podemos siquiera defendernos? ¿Por qué nuestros dioses no nos defienden? ¿Por qué no se defienden? Parece que la única perfección de nuestros dioses es su ausencia. La indiferencia, su única altura. Es el coraje la única libertad que nos queda a los hombres. Hoy Moriré como un Inca.

Primera luna, Día 25.

Me he salvado. Los dioses, a los que reprochaba, me salvaron, ¿Cómo pude haber dudado de ellos? Han asesinado a Atahualpa, pero yo estoy vivo. Las provincias que estaban bajo el dominio del Inca se están rebelando. Ya no soy un Apunchic, camino en busca de comida, temo morir de hambre.

Segunda Luna, Día 17.

He caído preso de los dioses extraños. No son dioses, son hombres. No me han matado por mi vestimenta de Apunchic. Creen que todavía tengo poder. Me piden metales preciosos y yo los llevo por caminos estrechos y laderas empinadas. Se que no encontraré nada, sólo los retengo un poco, me retengo un poco.

Tercera Luna, Día 26

Me exigen que bese un símbolo, una cruz, que abandone a mis dioses y acepte al suyo. Si no hago esto van a quemarme. Puedo hacerlo, nada significa. No pueden ver dentro de mí, no pueden saber lo que siento.

Cuarta Luna, Día 12

Yahuar está preso conmigo. Yahuar escribe como los extraños. Yo le cuento lo que siento y el escribe. Los dos estamos muy tristes, tristes por el Inca. A los dos nos piden que traigamos brillantes y doradas lágrimas de Inti. No podemos traerlas, no las tenemos.

Cuarta Luna, Día 30

He comprendido por que los extraños juntan las lágrimas de Inti, son las pruebas de que su Dios hace llorar al nuestro, que puede vencerlo y someterlo. Pero hace tiempo que Inti no llora. Inti no se rinde.

Quinta Luna, Día 18

Yahuar me enseñó a escribir antes de que lo quemaran. Estas serán mis primeras y últimas líneas. Mañana van a ahorcarme, mañana descenderé a Ukju Pacha. Allí podré llorar al Inca.



16 abr 2010

Topico 2: Apunchic



Atahualpa cae en manos de los españoles.

Apunchic:
También conocido como troticut, este era el jefe de una provincia. Su función era la de mantener el orden y tenía atribuciones políticas además de militares. Dependía del líder incaico.


14 abr 2010

Mesas y Sillas



El primer frío del otoño lo agarra a uno siempre desprevenido. Éste año no fue la excepción. Con los dedos ateridos, super ateridos, spinettianamente ateridos, caminé algunas cuadras por el centro de la ciudad. La lluvia, que había estado indecisa toda la tarde, finalmente resbaló del cielo y tuve que cobijarme. Terminé dentro de una de esas cavernas luminosas que tienen escaleras mecánicas. Entre ruidos y coloridas publicidades, di tres, seis, nueve vueltas al segundo piso. Ahí lo vi.


Estimado Visitante
Las mesas y sillas son para uso exclusivo
de quienes consumen en nuestros locales
de gastronomía

Sin dudas me hablaba a mí, al visitante. Al visitante que se iba a sentar y no iba a consumir nada. Era el destinatario casual de un cartel totalmente absurdo. Más de 50 mesas y sillas se encontraban totalmente vacías. ¿Habrá sido consecuencia del efecto persuasivo del cartel? Perdí de vista esa primera pregunta.
Todo éste asunto me llevó a reflexionar. ¿No es a caso el capitalismo como éste patio de comidas? ¿No es la propiedad privada un cartel que no nos permite sentarnos, mientras miles de sillas permanecen vacías?
Bajé por las escaleras, las normales, esas para humanos y tomé el primer colectivo a casa. Otro día más en ciudad Gótica.